22 al 24 de Mayo 2018
 
   


Pescanova vuelve a construir barcos en Galicia por primera vez en 30 años


Cinco astilleros optan a la inminente licitación de ocho arrastreros por 42,5 millones

La nueva Pescanova solo tiene un objetivo en mente que es crecer. Quiere facturar 1.500 millones en el 2020, casi un 50 % más que ahora. Para lograrlo, apuesta por mantener la verticalidad de la compañía, desde la extracción y cría (con 72 buques de pesca y 8.000 hectáreas de granjas, equivalentes a 16.000 campos de fútbol) hasta la comercialización, pasando por la elaboración en 18 fábricas.

Pero para llevar la frescura de la mar al plato (como dice su eslogan comercial) la corporación que preside Jacobo González-Robatto necesita renovar una flota que pasa ya del medio siglo (de media), construida casi toda en Galicia. El último buque que se incorporó a las filas de Pescanova fue el arrastrero Sil, entregado por Construcciones Navales Santodomingo (Vigo) en el 1987.

Han tenido que pasar 30 años y una profunda reestructuración con amenaza de quiebra, de la que todavía se está recuperando, para que el grupo pesquero vuelva a ejercer de armador con los astilleros gallegos.

Hay presupuesto para hacerlo. Los bancos del denominado G7 (Sabadell, Popular ahora en manos del Santander; Abanca, BBVA, Bankia, Caixabank y UBI, dueños todos del grupo pesquero) han ampliado capital en 350 millones para ejecutar un plan estratégico que contempla 125 millones de inversión. De esta cantidad, 42,5 están destinados a la licitación de ocho pesqueros con fecha de entrega tope en el 2020.

El multipedido se divide en dos bloques. El más urgente está integrado por tres unidades de 50 metros de eslora. Son los arrastreros más grandes, para faenar en aguas namibias.

El segundo lote está integrado por cinco barcos, también arrastreros, pero de menor eslora (no más de 30 metros, que pescarán camarón en Mozambique).

Presupuesto ajustado

El coste estimado de los buques de estas características se sitúa entre los 10 y los 7 millones de euros, en función del tamaño. De ser ese el precio, las cuentas no salen, por eso Pescanova está hablando estos días, y astillero por astillero, -son 5 los ofertantes-, presupuestos y plazos.

La adjudicación es inminente, al menos para las tres primeras unidades. La decisión va a depender de la factura que presente cada uno, pero también de la disponibilidad existente en las gradas para cumplir plazos de entrega.

«En realidad, querrían tenerlos en el 2018, pero eso es prácticamente imposible», afirman fuentes del sector, que aseguran que existe un compromiso del grupo pesquero con la Xunta para dejar en Galicia la carga de trabajo. Toda una responsabilidad para la industria gallega del naval, «porque ni los chinos son capaces de hacer los 8 barcos con ese presupuesto», ironizan fuentes sindicales consultadas.

En todo caso, aseguran que el naval gallego tiene ventajas competitivas. «Los precios que están ofreciendo son muy a la baja, la construcción no ofrece mayores complicaciones y el Gobierno de Feijoo parece que está dispuesto a arrimar el hombro en operaciones financieras manejables», afirman dichas fuentes. Añaden que, salvo los motores, el resto del equipamiento que precisan los buques tiene también proveedores gallegos.

Flota innovadora

Este primer pedido de la nueva dirección enlazará así el más de medio siglo de historia de Pescanova como empresa armadora. Los buques encargados a los astilleros de Vigo en los años 60 siguen siendo todavía hoy un referente de innovación. Barcos como el Gondomar y el Gelmírez fueron en su día los mayores congeladores del mundo, y pioneros en el procesado de pescado en alta mar.

La planta de Mira, vendida por un fondo buitre, enfila la vía de la liquidación y manda al paro a 126 trabajadores

Hace casi dos años, cuando la banca acreedora entró al rescate de Pescanova, las posibilidades de la planta de acuicultura de Mira (Portugal) de seguir en el grupo eran nulas. Y así fue. A los pocos meses, la mayor factoría del mundo diseñada para el cultivo de rodaballo a gran escala pasaba a manos de la banca acreedora portuguesa, que inmediatamente la puso a la venta.

El grupo de Robatto e Ignacio González descartó recuperar el negocio, sumido en deudas, y el pasado mes de julio la banca portuguesa cerró la venta de Acuinova Actividades Piscícolas al fondo buitre italoportugués Oxy Capital.

El nuevo propietario, ajeno al negocio, no ha tardado ni un mes en declarar insolvente la planta. El administrador judicial reconoce una deuda de 166,6 millones de euros, el 75 % con la banca acreedora (Novo Banco, CGD, BCP y BPI), y fuentes lusas dan por segura la liquidación, mientras los 126 trabajadores se quedarán en el paro.

La compañía que preside González-Robatto aclaró el pasado mes de julio, cuando comunicó la venta, que la cesión de Acuinova «no tiene un impacto relevante para Nueva Pescanova, ya que este era un activo que ya no figuraba dentro de las cuentas consolidadas del grupo».

Cero impacto en Pescanova

La filial portuguesa siempre fue un project finance. Nació como activo disponible para la venta. Durante los últimos meses, el equipo de Ignacio González ha estado presionando a los bancos portugueses para que tomaran una decisión sobre sus intereses en Mira, dados los infructuosos intentos llevados a cabo para su venta (tanto Mercadona cono Stolt Sea Farm rechazaron la oferta). La planta siempre ha estado por debajo de su capacidad de producción, como consecuencia de los accidentes provocados por fallos de construcción, que entre 2009 y 2014 provocaron más de 70 millones de euros de pérdidas a la compañía. El grupo, entonces en manos todavía del ex presidente Fernández de Sousa, cifró la inversión en Mira en 107 millones. El proyecto recibió 58 millones de fondos públicos portugueses.

(Fuente: La Voz de Galicia)